Aniversario de la liberación de Auschwitz: 70 inviernos después

El pasado 27 de enero de 2015 se conmemoró el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, el tristemente famoso campo de concentración. Situado en Polonia, a unos setenta kilómetros al oeste de Cracovia, fue el mayor centro de exterminio de la maquinaria nazi, un lugar que sigue propiciando ríos de tinta. Este año también se celebra el fin de la Segunda Guerra Mundial (la contienda armada, porque durante años siguieron conflictos humanos terribles) y los distintos homenajes se suceden en aquellas partes donde tuvo un calado especial.

Aniversario de la liberación de Auschwitz: 70 inviernos después

El paso del tiempo hace que queden menos testigos vivos de la época, y el esfuerzo por preservar la llama de que algo así no se vuelva a repetir parece empujar determinadas iniciativas. Sí es suficiente o no el mismo tiempo lo dirá. La comprensión de que los memoriales, museos y vestigios que se mantienen en pie son una forma de educación, debe anteponerse al interés somero de recorrer dichos lugares en clave turística: el insoportable “turismo social” y su no menos insufrible “yo estuve allí”, que parece obsesionar –y colmar– a muchos para invadir las redes sociales modernas, convirtiendo cualquier viaje en un trámite y a estos lugares en parques temáticos.

En las vías del tren de la llamada “Puerta de la Muerte”, en Auschwitz-Birkinau II. © José Luis Valdivia.

En las vías del tren de la llamada “Puerta de la Muerte”, en Auschwitz-Birkinau II, unos turistas se sacan fotos posadas con el teléfono a modo de recuerdo, mayo 2014. © José Luis Valdivia. 

En Auschwitz estuvimos en primera persona para narrarlo desde otra perspectiva dentro de la experiencia que supone el viaje fotográfico para un fotógrafo documental, donde la soledad suele formar parte del equipo de trabajo. Una forma consciente de trabajar para afrontar con mayor grado de honestidad lo vivido y compartirlo. Así hemos ido trabajando la última década. Esa será la premisa con la que expondré los sucesivos artículos de los lugares visitados empuñando una cámara, cuaderno y lápiz, con la pasión e inquietud por bandera y la discreción, junto con lo contemplativo, como esencia.

El poema de Levi

Si se observa lo que la Humanidad ha cometido –en cuanto a guerras y conflictos se refiere– en el transcurso de esos setenta años, nos quedamos perplejos por la extraña sensación de “no haber aprendido tanto”: Vietnam, Camboya, Balcanes, Rwanda, Irak, Israel…, por nombrar algunos casos destacados, donde aniquilar a otra etnia o pueblo estaba en la hoja de ruta. Con la intolerancia y el odio gratuito como seña de identidad. Otra vez. Justificado en muchos casos de forma pueril aludiendo motivos religiosos, o por tener una morfología distinta. Eso los más burdos, porque los más espabilados inventan armas para justificar intervencionismos a fin de expoliar recursos naturales. Lo mismo da justificar una guerra, que una hambruna provocada por terceros, porque al final siempre pagan los mismos: el pueblo.

Dejadme compartir, antes de proseguir el relato, un poema del conocido químico y escritor italiano Primo Levi, que sobrevivió a Auschwitz III en “La Buna”, un Lager (así llamaban a los campos) de Monowitz, la fábrica en la que trabajó el periodo que estuvo allí. El resto de su vida fue una incansable voz para el “no olvido”. Creo afirmar, sin equivocarme, que en estas palabras de apertura de su formidable libro Si esto es un hombre, se resume todo un sentir. Mientras realizaba la siguiente fotografía en el Bloque 13 de Auschwitz I, las tuve presentes al contemplar la escenificación de unos “uniformes” erguidos como fantasmas sin dueño. En una pared-mosaico repleta de rostros que pudiesen ser tomados por anónimos, quizás simples desconocidos en el tiempo, pero que en realidad son seres humanos como los que visitan el Memorial, usted mismo, o yo.

Bloque 13 de Auschwitz I. © José Luis Valdivia.

Bloque 13 de Auschwitz I, donde puede verse un recorrido histórico y fotográfico de la vida de Polonia y el campo de concentración, enero 2015. © José Luis Valdivia. 

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por u no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerza para recordarlo
Vacía la mirada y el frío regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

En antecedentes

Torre de vigilancia en Auschwitz-Birkinau II. © José Luis Valdivia.

Nieva en un gélido día en Auschwitz-Birkinau II. A través de una ventana de los edificios donde se realizaba la criba de personal y su desinfección, vemos una de las emblemáticas torres de vigilancia que cubrían todo el perímetro vallado electrificado del gigantesco campo, enero 2015. © José Luis Valdivia. 

Pronunciar el nombre de Auschwitz produce sentimientos encontrados. Pero, ¿qué sabemos exactamente de los lugares y cuánto sucedió en ellos? Oímos los nombres de los sitios o hechos y afirmamos con la cabeza como si lo supiésemos a ciencia cierta cuando, en el mejor de los casos, llegamos a arañar pequeños porcentajes de ello. Hemos dado por buenas las versiones de otros quedándonos en los titulares sin la profundización personal. Algo tan simple observé cuando era un chaval al preguntar a mis mayores por determinadas cuestiones, las cuales resolvían torpemente con lo poco que les había llegado en alguna conversación, los programas de televisión o el cine, que flaco favor le ha hecho a muchos pasajes históricos manipulándolos con sus versiones distorsionadas. Creando así tabúes e ideas preconcebidas, errores de forma y fondo que poco o nada beneficiaba a restablecer sucesos con un mínimo de rigor.

La pátina de falso embellecimiento (el de la victoria) que echaron unos y otros sobre los crímenes, resultó vergonzosa tras el conflicto, ocultando las siguientes décadas a las generaciones posteriores la verdad. Los propios vencedores, los que se habían repartido una Alemania en ruinas, alentaron dicha conducta amparándose en un discurso ramplón de “debemos pasar página”. ¿Cómo se pasa la página de millones de muertos? ¿Con qué derecho moral y en nombre de quién? De ese modo, ¿cómo pretendían que no se volviese a repetir? Los juicios de Nüremberg fueron más un escarnio personal y puntual contra aquellos que les interesaron que una búsqueda de hasta el último culpable que participó. Una justificación plausible que satisfizo a cuatro militares y políticos realizando la pantomima de cara a la galería. Quisieron englobarlo todo y a todos ajusticiando a una parte, que vista en la perspectiva temporal, se antoja muy escasa.

Reconstrucciones modernas en forma de documentales, películas, libros, y testimonios silenciados, dan una nueva dimensión a muchas cosas ocultas, haciendo bueno aquello de “no todo está contado aún”.

Fotograma de la película "La conspiración del silencio".

La imagen de arriba muestra un fotograma perteneciente a la película “La conspiración del silencio”, donde vemos a su protagonista rodeado de montañas de expedientes que estaban ocultos en los archivos que cayeron del lado norteamericano. Estrenada este año, narra la investigación que llevó a cabo el fiscal general Fritz Bauer, quien había padecido prisión y exilio, junto con tres jóvenes fiscales; y el periodista Thomas Gnielka, quien impulsó lo que acabó en los juicios de Auschwitz. En plena época de bonanza bajo el mandato de Konrad Adenauer, en un país que vivía con un velo de colores sobre los grises de sus crímenes. Fueron tremendamente incómodos para muchos. Tuvieron que demostrar si hubo delito, crimen, homicidio, para poder empezar a tener caso, y sentar a los nazis en el banquillo de los acusados, quienes se habían cubierto las espaldas eliminando pruebas. Gracias a algo impensable o, como mínimo trivial, fue por donde iniciaron el camino: ¡por los recibos de los pedidos de gas Zyklon-B! El gas utilizado en las cámaras para el exterminio en masa, un pesticida empleado para fumigar y que no levantaba sospechas.

La película reflexiona, acertadamente, sobre la memoria social de un pueblo tras un conflicto. A la necesidad y obligación de saber para mejorarla y no caer en los mismos errores. Al cómo se escribe la Historia por parte de unos pocos, y el legado que recayó sobre una generación de ojos vendados. Bauer y su equipo lucharon contra esa amnesia colectiva, sacudiendo conciencias. Esos esfuerzos ayudaron en la colaboración de captura de Adolf Eichmann (creador de la “solución final”) en Argentina, para ser juzgado y condenado finalmente en Jerusalén el 31 de mayo de 1961. Se produjo una gran controversia de por qué no fue juzgado por un tribunal internacional y sí por uno israelí.

Detalle de una lata de gas Zyklon-B. © José Luis Valdivia.

Detalle de una lata de gas Zyklon-B y los pequeños terrones de tierra de diatomeas que lo componían. Junto a ella varias órdenes de pedido. Se necesitaba unos 4 gramos por persona, y entorno a 20Kg por cada contingente que encerraban. © José Luis Valdivia. 

Volviendo a citar a Primo Levi, y al hilo de esto último planteado de la memoria, él afirmaba que nunca podría llegar a saberse lo que pasó porque nunca nadie regresó de aquellas cámaras de gas para contarlo. Que por mucho que se escribiese, hablase, o los supervivientes narrasen sus horribles experiencias –algunos con más victimismo y sentimentalismo que otros–, solo quienes perdieron la batalla por ser más débiles a ojos de unos verdugos desalmados, serían sus voces autorizadas. Él no llegó a ese “final”, pero al menos narró un documento de vital importancia. Otros nunca fueron tan valientes, o el miedo por lo padecido les atenazó la garganta. Otros simplemente desearon olvidar y tratar de vivir lo que les quedaba de la mejor manera posible, porque eran conscientes –y es bueno remarcarlo– que la indiferencia posterior tras ser liberados fue tanto o más cruel que lo padecido dentro.

Como narra el propio Levi en su libro que, una vez liberado y metido de nuevo en un tren, éste hizo una parada en Trzebinia: una estación fronteriza entre Katowice y Cracovia. Allí, apeado en el andén, gente curiosa (campesinos polacos mayormente) se acercaron al verle vestido con el mono de rayas famoso de los campos, y un abogado que hablaba varios idiomas le hizo de traductor ante las preguntas. Levi, les dijo que “era un judío italiano” (aunque de judío practicó poco en su vida), y el abogado tradujo en “prisionero político italiano”. ¿El motivo? Que era mejor decir eso por su bien y evitar problemas, porque Polonia era un triste país entonces. Un detalle de la dimensión de ignominia entorno a lo que los nazis hicieron dentro de sus “cortijos”.

Al parar el viejo tren (sacado de la era rusa) en dicha estación, en el mismo trayecto durante mi viaje, recordé el pasaje vivido de Levi.

Estación fronteriza de Trzebinia. © José Luis Valdivia.

Parada del tren Cracovia-Oswiecim a su paso por la antigua estación fronteriza de Trzebinia, enero 2015. © José Luis Valdivia. 

Tren Cracovia-Oswiecim. © José Luis Valdivia.

Uno de los míticos viejos trenes que recorren Cracovia-Oswiecim, que para en muchas estaciones y cuya velocidad no es elevada. Aquí estacionado a su llegada a Oswiecim, nombre real de la antaño aldea: Auschwitz es el nombre alemán con la que la bautizaron durante la ocupación. © José Luis Valdivia. 

Detestaba Levi –como muchos otros–, el término Holocausto, pensando que, con ello, se le endosaba una locución “religiosa” impropia, con un tufillo a retórica errónea elevada a los altares del “sacrificio”, cuando la realidad fue mucho más mezquina y directa: un Estado –el nazi–, había tomado una decisión política de exterminio. Punto. Sobrevivir no era un mérito para él, ni una experiencia redentora para alimentar su espíritu, sino un calvario contemplando la bajura del ser humano.

Al igual que Carl Schrader, muerto en 1974, y cuyas memorias no vieron la luz hasta 2011 (en España 2013), en un libro formidable titulado El veterano. Comerciante suizo detenido simplemente por criticar en público en una cafetería berlinesa su desacuerdo con la política de Hitler en 1934, y que le costó once años de trabajos forzosos en distintos campos de concentración, Primo Levi otorgaba un grado de triunfo en la barbarie nazi al conseguir que entre los propios presos se crease otro sub-nivel de sufrimiento: los Sonderkommandos. Capos de campo que ejercían la misma crueldad que sus verdugos hacia sus semejantes por un trozo más de pan, raciones extra de sopa, cigarrillos, bebida o piezas de comida más caras . Los conducían a las cámaras de gas, los despojaban de sus ropas, o les extraían los dientes de oro.

Que arrastraban a esos camaradas a los crematorios, las fosas comunes, o esparcir sus cenizas en las aguas de los estanques aledaños, como el del Crematorio IV en Birkinau II. Ignoraban que esa tarea no les iba a salvar a ellos del exterminio. Que, los nazis, cada equis meses enviaban a éstos a ser gaseados a fin de eliminar pruebas y testigos de sus crímenes. De ese modo se limpiaban más la culpa. Como así lo refleja Levi: “Mediante esta institución se trataba de descargar en otros, y precisamente en las víctimas, el peso de la culpa, de manera que para su consuelo no les quedase ni siquiera la conciencia de saberse inocentes”. Se materializaba aquella máxima del filósofo Friedrich Nietzsche que decía: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”.

Dibujos y representaciones de los presos de Auschwitz para contar lo que vivían. © José Luis Valdivia.

En las paredes del Bloque 6, en Auschwitz I, existen una variedad de dibujos y representaciones que realizaban presos para contar lo que vivían. En el de la izquierda, como el de la derecha, se puede ver lo descrito de los propios Capos golpeando a los suyos. El del centro muestra a la orquesta que tocaba mientras el horror les rodeaba, mayo 2014. © José Luis Valdivia. 

Estanque cerca del Crematorio IV, en Birkinau II. © José Luis Valdivia.

Una joven visitante contempla el estanque donde se vertían las cenizas de los crematorios. Está cerca del Crematorio IV, en Birkinau II. A su izquierda cuatro monolitos de mármol en diferentes idiomas recuerdan a los hombres, mujeres y niños que perecieron allí. Se repiten en los lugares más emblemáticos del Memorial. © José Luis Valdivia. 

Primo Levi, como la quizás más conocida Ana Frank, y tantos otros que han plasmado sus experiencias vitales, no pretendían ser símbolos de nada, sino voces de muchos para que no se ahogasen en el olvido del tiempo. Estoy convencido de que, de haber podido elegir entre una vida normal y ser famosos por sus libros, serían anónimos. A través de sus testimonios podemos visualizar una forma de entender el horror. Seguir achacando al pueblo judío la culpa de todos los males del Mundo es de una mezquindad enfermiza. El investigador y cineasta Bryan Bruce, en su recomendable documental “Jesús de Nazaret, caso abierto”, concluyó en el mismo Auschwitz con la siguiente reflexión: “Los judíos no mataron a Jesús. Poncio Pilato mató a Jesús. Pero murieron por culpa de una teología del odio anidada en un evangelio de amor”. Durante siglos se ha ido inoculando tal idea. Y, en el caso de que fuese cierto que fueron responsables a pesar de no existir ningún documento que lo afirme, ¿cómo se justificaría semejante locura de muerte en los campos de exterminio?

Es bueno señalar que, entre los casi 1,2 millones de personas que se presuponen murieron asesinadas, no solo fueron exterminados judíos, sino polacos, húngaros, checos, rusos, italianos, franceses,alemanes, gitanos, homosexuales: cualquiera que no comulgase con el ideario nihilista nazi. Personalmente insisto que solo veo seres humanos inocentes muertos por nada. Del mismo modo cabe remarcar otro pensamiento simplista entre lo que sucede en Israel con lo acontecido en el genocidio nazi: allí, muchos que poco o nada tuvieron que ver con esto, aprovecharon una coyuntura tras finalizar la guerra para aprovecharse. Jóvenes que empuñan un arma, que son oficiales de un ejército, ante la pregunta “¿Sabes que pasó en Auschwitz?” apenas pueden articular un par de comentarios. Están adoctrinados. Quienes caminaron por esos pasillos para desaparecer, no creo que viesen con buenos ojos el uso de sus muertes en vano. El propio Primo Levi estuvo en contra, donde jamás creyó ver en Israel el corazón del judaísmo. Se opuso a las matanzas de palestinos del 1982 en los campos de Sabra y Chatila, perpetradas –mire usted por donde– Ariel Sharon…

Hay quienes ven en el Memorial de Auschwitz un mero panfleto de propaganda judía, que se niegan a seguir alimentándola. Respetable. Es cierto que se notó durante la conmemoración, hablándose entre gente de medios y visitantes, pero la realidad es que el pueblo judío padeció el grueso de ese odio. En ese sentido vuelvo a insistir en la observación de que desaparecieron miles y miles de seres humanos por el mismo odio injustificado, y que merece ser mantenido en la memoria como los Balcanes, Rwanda, Camboya, Afganistán, Irak…o, como me indica el Padre Ángel Olaran en Etiopía: pedir perdón a África por todo cuanto se la ha hecho padecer también.

Clavel rojo sobre el Memorial de las Naciones. © José Luis Valdivia.

Un clavel rojo reposa sobre una de las piedras del Memorial de las Naciones, donde los países realizan las ofrendas como hermanamiento para que nunca se olvide. Para el 70 aniversario las banderas que ondearon fueron con los colores de los pijamas de rayas de los presos: símbolo inequívoco que quienes lo portaban eran iguales para sus verdugos, enero 2015. © José Luis Valdivia. 

 

Consideraciones finales

En la segunda parte del “70 Aniversario de Auschwitz” ahondaremos en el viaje principal: cómo fue el día de la conmemoración y cómo se vivió por diferentes frentes, así como las visitas en años anteriores y los días posteriores a la celebración. Visitaremos su ciudad y la contrastaremos con el resto del país.

Queríamos recoger el guante de nuestros amigos y seguidores que también demandaban mis artículos de corte social.  Trataré de explicar en un tono humilde y personal una forma de afrontar el viaje fotográfico junto a una temática determinada: ir, ver y contar, así de simple. Poner al servicio de nuestras historias todos esos equipos que nos acompañan en la mochila que, en definitiva, son las herramientas para su consecución: como un albañil, fontanero o electricista lleva su caja de herramientas y nadie le aplaude por tener un destornillador, sino por lo que hizo con él. Damos demasiada importancia hoy día a esas cosas en detrimento de una peor formación y bagaje cultural. A disfrutar y dejarnos imbuir por los lugares.

Enfrentarte a una página en blanco para vaciar en ella tu interior con lo experimentado, vivido y reflexionado, es un ejercicio extenuante, pero de una satisfacción mayúscula. Esperamos con estos artículos, que tocarán diferentes temáticas y lugares, despertar el interés por los mismos, sus historias, personajes y curiosidades.
Gracias por vuestro interés.

Foto destacada: ©José Luis Valdivia. La infame puerta principal de acceso al campo Auschwitz I, enero 2015.

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Escrito por José Luis Valdivia

Fotógrafo, cineasta, articulista y docente. Cursó estudios en Dirección y Producción de Cine y TV, así como áreas de antropología, lenguaje y crítica visual. Es formador de formadores. Fotógrafo Oficial Fujifilm X-Photographer, Vanguard Photo Professional, y durante cinco años el fotógrafo oficial de Samyang en España. Articulista en diversos medios sobre fotografía y cine, como Foto24. Experto y testeador en varios campos de la fotografía y cine. Ganador de premios y nominaciones en cine y fotografía por sus obras de denuncia social y medioambiental. Realizador de publicidad y vídeos musicales. Pionero en introducir la fotografía y crítica de la imagen en varios centros escolares públicos. Sus talleres “La Mirada y el Fotógrafo” recorren desde hace diez años el territorio nacional y europeo, donde su enfoque multidisciplinar le han posicionado como todo un referente. Pendiente de publicar un ensayo sobre la fotografía y dos documentales de cine social, uno sobre la infancia y la discapacidad que es una exposición internacional desde 2013, y otro sobre Etiopía y la vida de un misionero español.

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