Uno de los parámetros que más dolores de cabeza da a los fotógrafos es la sensibilidad ISO. Al principio del todo porque no sabes lo que es. Cuando empiezas lo dejas en automático y algunas fotos quedan muy bien y otras tienen ruido. Según vas avanzando y aprendiendo a manejarte con la ISO, descubres muchas más posibilidades pero sobre todo: control. Ya no es la cámara la que te domina, eres tú quien domina la cámara. Veamos qué significa este concepto y cómo ajustarlo correctamente para aprovecharlo en nuestro beneficio.
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Un poco de historia: el origen de la sensibilidad ISO
Aquellos que vengáis de la época de la fotografía química recordaréis el estándar ASA para los carretes. El estándar ASA (American Standard Asociation) fue un estándar de sensibilidad fotográfica creado para lograr una sensibilidad mayor o menor a la incidencia de la luz en la película fotográfica (el carrete). Digamos que sería el padre del estándar ISO.
Posteriormente, durante la eclosión de las cámaras digitales modernas, el referente a nivel internacional ISO (International Organization for Standardization, ‘Organización Internacional de Estandarización’, sistema de normalización internacional para productos de áreas diversas) adoptó el estándar ASA manteniendo una escala de valores igual que el estándar ASA de entonces. Esto es lo que originó que finalmente pasáramos de carretes ASA 400 a usar ISO 400, por analogía, en la revolución digital de los últimos años.
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¿Qué es la ISO y para qué sirve?
La sensibilidad ISO es la capacidad del sensor de imagen de ser más o menos sensible a la luz ambiente. Es decir, cuánta cantidad de luz debe recoger. Todos los sensores de imagen parten de una sensibilidad nativa coincidente con el valor más bajo de ISO que podemos poner en la cámara (quedarían excluidos los valores de la ISO forzada, que veremos más adelante). Por ejemplo, hasta hace unos años en muchas cámaras Nikon el valor nativo era ISO 200. Por eso sus valores iban, por ejemplo, de ISO 200 a 1600. En cambio, Canon partía de una ISO nativa de 100. Ahora Nikon ha cambiado y sus sensores ya parten también de una ISO nativa de 100.
Foto: Dave Dugdale
- Los valores más bajos 100, 200 … implican una gran «resistencia» a la luz. Son los adecuados, de forma general, para situaciones en la que existe mucha luz ambiente.
- Los valores más altos 1600, 3200 … implican una menor «resistencia» a la luz. Son los adecuados, de forma general, para situaciones en la que existe muy poca luz ambiente.
Imaginemos que el sensor de imagen es como cubo que se puede llenar de luz. Al pulsar el obturador, la luz pasa a través del diafragma (más o menos cerrado) y llega hasta el sensor de imagen durante el tiempo que está abierto el obturador. En ese periodo de tiempo el «cubo» se llena dependiendo también de la sensibilidad ISO.
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Es decir, imaginemos que ese sensor (o cubo) tuviera un filtro como una esponja (la ISO) al que si le establecemos en un valor bajo deja entrar menos luz el sensor y si es más alto deja pasar más. La ISO tiene una incidencia directa en la exposición de la fotografía.
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Sensibilidad ISO y Triángulo de exposición
Hasta ahora, hemos estado pensando en la ISO de forma aislada, como un elemento que incide en la exposición correcta de la fotografía. Sin embargo, su incidencia aunque directa, podemos intuir ya, por lo comentado anteriormente, tiene relación con otros dos parámetros: velocidad de obturación y apertura del diafragma.

En definitiva, para realizar una fotografía con nuestra cámara necesitamos un instante de tiempo, una cierta cantidad de luz y decirle, de alguna manera, cómo de sensible a la luz debe ser nuestra cámara. Esto lo haremos usando una determinada velocidad de obturación, una cierta apertura del diafragma y la sensibilidad ISO, respectivamente.
Aunque nuestra misión no es exponer correctamente sino hacer fotografías – y pongo énfasis en lo último -, debemos conocer la técnica. Así, regulando estos tres valores conseguiremos la luz suficiente y adecuada para sobreexponer o subexponer la fotografía a nuestro antojo.
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Además, de esta manera, podremos obtener diferentes efectos visuales regulando el diafragma (diafragma abierto significará menos profundidad de campo y cerrado lo contrario), regulando la velocidad de obturación podremos congelar el movimiento (además de otros muchos efectos) y con la sensibilidad ISO compensaremos los dos ajustes anteriores para tener una exposición correcta.
Cómo usar la sensibilidad en fotografía digital
Entonces la pregunta que debemos hacernos a continuación es la siguiente: ¿cómo usamos la ISO de manera eficiente?
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Usa la sensibilidad ISO para evitar imágenes movidas
En primer lugar, la sensibilidad ISO es uno de los mejores aliados para conseguir que tus fotos no salgan movidas. Como hemos comentado, de forma general, en situaciones de mucha luz usaremos la menos ISO posible y en aquellas de menos luz subiremos la ISO. Los sensores de imagen en los últimos años han evolucionado muchísimo y desde compactas a réflex, pasando las CSC de objetivos intercambiables o EVIL. Casi todas las cámaras de gama media ofrecen buenos sensores, e incluso podríamos decir las compactas de gama alta. Por eso subir la ISO en situaciones de menos luz nos permitirá usar una velocidad de obturación menor y evitar así fotografías movidas sin temer demasiado al ruido digital.
Foto: Noah
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Ten en cuenta el ruido al elegir la ISO en tu cámara
En segundo lugar, el ruido, precisamente. El ruido a ISOs altas hacía que, hace algunos años, usar una ISO por encima de 800 significara tener una foto de muy baja calidad de imagen. Mucho ruido y poco detalle. Aunque la solución definitiva no ha llegado aún, sí que es posible usar ya en muchísimas cámaras ISOs superiores de 1600-3200, incluso 6400, con una calidad de imagen bastante aceptable en muchos casos. Normalmente, cuanto mejor sea nuestra cámara, podremos usar una ISO más alta para esas condiciones de poca luz. Si quieres saber cómo eliminar el ruido digital, échale un vistazo a este post.
Foto: Lars Plougmann
Las ISOs no son iguales en todos los modelos
En tercer lugar, los valores ISO aunque se refieren a un estándar sufren ligeras variaciones de un modelo de cámara a otro. Por otros muchos factores que ahora no vienen al caso pero que conviene, simplemente, saber. Con el mismo objetivo en distintas cámaras y usando la misma velocidad de obturación y la misma ISO obtendremos resultados diferentes en cuanto a la exposición. Ligeros, pero apreciables.
Esto pasa por el sensor de imagen, si es diferente y porque, a veces, el valor ISO 100 se corresponde con un valor real de 130, por ejemplo.
Foto: Joe deSousa
Pero no podemos olvidar algunas situaciones excepcionales en las que nos interesa trabajar con velocidades lentas (como en fotografía de larga exposición). Donde, por lo general, usaremos la ISO más baja posible y colocaremos la cámara en un trípode.
Foto: Luis Hernandez
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Conclusiones finales
De forma general, usa la ISO más baja posible porque tendrás mayor detalle, nitidez, mejor color y menos ruido. Pero tampoco te acobardes para usar una ISO alta en situaciones que lo requieran puesto que, como hemos contado, los sensores de imagen han mejorado mucho en los últimos años.
El mejor consejo: conoce tu cámara y exprime al máximo sus posibilidades.
Foto destacada: Jamie McCaffrey




